¡Saludos!
Algo en este capítulo me ha recordado a un sermón del Pastor Bosqued de finales de enero: La bendición contagiosa:
"No le faltaba poder a Cristo, sino que la curación del hijo dependía de la fe del padre." (pág. 257, dcha.)
La gente que tenemos cerca de nosotros puede ser bendecida gracias a nuestra fe y nuestra relación con Dios, así como ese hijo fue curado por la fe de su padre.
¿Estás siendo un instrumento de Dios para la bendición de los que te rodean?
J.M. Fustero
domingo, 16 de agosto de 2009
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