jueves, 6 de agosto de 2009

37. LOS PRIMEROS EVANGELISTAS

¡Hola a todos!

¡Qué gran misión, y qué gran promesa saber que no estamos solos, sino que tenemos el mejor apoyo a nuestro lado!
"Debían hacer su preparación día tras día al atesorar las preciosas verdades de la Palabra de Dios, y al fortalecer su fe por medio de la oración. Cuando fuesen llevados a juicio, el Espíritu Santo les haría recordar las mismas verdades que necesitasen." (pág. 211, izda.)

Me ha gustado mucho la siguiente cita, también:
"No debían entrar en las sinagogas y convocar a las gentes a cultos públicos; sus esfuerzos debían limitarse al trabajo de casa en casa." (pág. 209, izda.)
A veces vemos a pastores y grandes predicadores, y pensamos: "Yo nunca podré explicar las cosas tan claramente." o "Nunca conseguiré conmover así los corazones de la congregación" o quizás "No soy capaz de hablar en público, no valgo para esto"
Sin embargo, la misión no es solamente hablar a grandes multitudes. Todos tenemos nuestra parte, y cada uno, con la ayuda del Espíritu Santo, puede ganar almas para Cristo en su lugar. Un sencillo testimonio a un compañero puede ser muy poderoso, y cada alma que se convierte es una fiesta en el cielo.
Ánimo, no estamos solos. Digamos como Pablo: "No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree" (Romanos 1: 16)

J.M. Fustero

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