Hola de nuevo!
Este capítulo al principio continúa con la paradoja del pueblo de Israel, que a pesar de esperar al Mesías durante siglos, no estaba preparado para recibirlo. Las buenas nuevo sólo fueron dadas a los que estaban receptivos a ese mensaje...
Sin embargo me ha gustado especialmente el pensamiento de pág.25 col.1 "El cielo y la tierra no están más alejados hoy que cuando los pastores oyeron el canto de los ángeles...Mientras recorremos las sendas humildes de la vida, el cielo puede estar muy cerca de nosotros".
Me parece un privilegio enorme que todo el cielo esté pendiente de este insignificante mundo...y que tengamos la oportunidad de vivir cada día conectados con esa realidad. La promesa sigue en pié: "Los ángeles de los atrios celestiales acompañarán los pasos de los que vayan y vengan a la orden de Dios".
Un abrazo!!
sábado, 4 de julio de 2009
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